Una modernidad no modernista
Miquel Adriá

El centenario de Luis Barragán (1902-1988) -la figura más relevante de la arquitectura mexicana de todos los tiempos-, es una ocasión propicia para reflexionar sobre su herencia artística, visitar un país obsesionado por su propia realidad y, conducidos por el gran experto que es Miquel Adrià, obtener una panorámica arquitectónica de la metrópolis más poblada del planeta.

Fruto de un acto de sincretismo entre la modernidad y la idiosincrasia mexicana, la obra de Luis Barragán (Premio Pritzker, 1980) sigue siendo un manifiesto arquitectónico para la cultura universal. Sus obras son diálogos callados, sobrios, entre el sol y los muros ciegos. Después de Barragán, la preferencia por la forma, inclusive vacía de contenido, está presente en las distintas tendencias de la arquitectura mexicana y se manifiesta como preeminencia de lo cerrado frente a lo abierto, lo representativo frente a lo funcional, lo estético frente a lo ético.

Al concluir el siglo XX la arquitectura mexicana ofrecía un panorama muy amplio. La obra institucional y pesada de Teodoro González de León sembraba de hitos el magma informal de la ciudad de México, la que crece según las presiones del liberalismo económico, el incremento demográfico y la corrupción. Por su parte, los muros pintados y las torres metafísicas de Ricardo Legorreta lograban merecer la Gold Medal de la AlA. En el estudio de TEN Arquitectos (Enrique Norten y Bernardo Gómez-Pimienta) se han creado edificios como el de Televisa, un objeto icónico que emerge en el contexto populoso y caótico del centro del DF y se identifica como el logotipo de la compañía mexicana de televisión. El proyecto, que requería la integración de varias funciones (estacionamientos, oficinas, servicios bancarios, cafetería, comedores y salas para conferencias), está arropado por un caparazón elíptico y metálico, que define un espacio continuo bajo el que se desarrollan todas las actividades. TEN Arquitectos se ha hecho merecedor del primer Premio Mies van der Roche de Latinoamérica.

Rigor geométrico y severidad

Una generación intermedia, representada por Francisco Serrano, Alfonso López Baz y Javier Calleja, entre otros, domestica las propuestas y neovernaculares de González de León y de Legorreta, con arquitecturas de hormigón o ladrillo, que se ciñen al rigor de la geometría y a la severidad de los grandes muros ciegos. Así, el edificio del Instituto de la Universidad Iberoamericana, de J. Francisco Serrano, inscribe un patio cilíndrico en un edificio de planta cuadrada y lo conecta con el resto de la universidad, obra del mismo autor, manteniendo el repertorio de formas y materiales del resto del conjunto universitario: cuadrados y círculos, obra vista y hormigón.

Su reciente Escuela de Arquitectura se convierte en la fachada definitiva del mismo campus jesuita, con una columnata cacofónica de ladrillo a lo largo de trescientos metros, rematada por un cilindro opaco que articula los accesos con el resto del conjunto.

El Teatro de las Artes de Alfonso López Baz y Javier Calleja se caracteriza por una gigantesca columnata perimetral, que circunda el espacio del vestíbulo y el de la sala. A cada función le corresponde un volumen, un color y un material diferenciado. Así, la megaestructura metálica es verde, el cuerpo ondulante de las áreas de servicio y camerinos es de travertino beige, y el volumen metálico de las tramoyas es rojo.
Entre los estudios emergentes destacan el de Alberto Kalach, Adria-Broid-Rojkind y el de Sánchez-Higuera. La obra de Kalach es quizá la más original y escultórica. Sus edificios son respuestas radicales desde la geometría de sus plantas y desde los recortes de sus muros para permear de luz los espacios interiores. La casa GGG, que obtuvo reconocimientos en 2000, es un mausoleo de hormigón y luz, repleto de sorpresas espaciales desde la prommenade architectural obligada.

Adria-Broid-Rojkind fueron galardonados con el Premio Cemex 2001 por una casa situada en los bordes del área metropolitana de la ciudad de México. Una caja de hormigón se empotra entre dos losas, contrastando la capacidad y solidez del volumen con la transparencia y ligereza de los planos. El uso dominante del hormigón visto en toda la construcción, así como su tratamiento eminentemente plástico del material escogido, permitió obtener soluciones sensuales y expresivas que no requieren acabados finales.

Sánchez- Higuera ha ido tejiendo pieza a pieza el nuevo contexto de la Colonia Condesa de la Ciudad de México. Un conjunto de edificios que, si comenzó como una intervención de esquina, cuenta ya con otros tres edificios. La idea de ir relacionando los proyectos con el contexto y entre sí, a medida que se han ido construyendo, ha permitido redefinir el tejido urbano, evitando exponer medianeras y armando en el interior de la manzana una sucesión de espacios abiertos, que se convierten en pasajes.

Dos Grandes Proyectos.

En el límite entre realidad y utopía, dos proyectos colman de esperanzas el futuro de la arquitectura mexicana. En Guadalajara, doce importantes arquitectos llenarán más de 300 hectáreas de edificios de «autor». Se trata de un gran museo de arquitectura contemporánea al aire libre, liderado por TEN Arquitectos (Enrique Norten y Bernardo Gómez-Pimienta), y con una participación muy variada: Carme Pinós, de Barcelona, que realizará el Recinto Ferial; Morphosis (Thom Mayne), de Los Ángeles, que construirá el Palenque; Coop Himmelblau (Wolf Prix), de Viena, proyecta el Mall and Movie Theaters; Daniel Libeskind, de Berlín, la universidad de Arquitectura, de Pedagogía y de Ciencias Políticas; Tod Williams y Billie Tsien, de Nueva York, los anfiteatros al aire libre; Toyolto, de Tokyo, el museo; Jean Nouvel, de París, las oficinas corporativas; el mexicano González de León los comedores del personal; y el veterano de la arquitectura americana, Philip Johnson, un museo de niños. La propuesta para Centro de Exposiciones y Convenciones de TEN Arquitectos es un óvalo de 240 metros de largo en el que todo se comunica por medio de un fluido juego de rampas elípticas perimetrales, que encierran la parte central de la sala de exposiciones y el anillo de vestíbulos y servicios. Una cubierta de armaduras soporta la piel translucida de Teflón conformando uno de los objetos más representativos del nuevo conjunto, que será el detonante para el futuro crecimiento de la ciudad de Guadalajara.

En la ciudad de México, Alberto Kalach y Teodoro González de León proponen la recuperación de los lagos del valle de México y la reurbanización de las futuras riberas, junto a la reubicación del aeropuerto internacional en medio del lago. Con este proyecto, el regreso a la ciudad lacustre prehispánica se convertiría en una gran esperanza para el futuro de esta gran urbe, que se hunde por la deshidratación del suelo. La tesis fundamental de este trabajo se basa en la simple idea de que la ciudad de México no fue solamente un gran lago sino que en potencia lo sigue siendo.

Si el siglo XX empezó en México en el momento en que la arquitectura de ese país incorporó el lenguaje radical y austero del Movimiento Moderno, y tuvo su mejor momento con el sincretismo entre la modernidad y la idiosincrasia mexicana de Luis Barragán, el nuevo siglo arranca con estos grandes proyectos, que incorporan a la arquitectura el respeto por el lugar, la economía a largo plazo y la sustentabilidad.

La Biblioteca de la Universidad Panamericana SÍ cuenta con estos escritos físicamente. Éstos pueden solicitarse por el nombre y número de la revista en mostrador.

Fuente: “Una modernidad no modernista” en Nueva Revista N° 81